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Heridas abiertas

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El Mundo, 8 de junio de 2015. Cuatro años y seis meses después de que el espacio aéreo español estuviese cerrado 24 horas, desencadenando un estado de alarma en España durante 43 días, el colectivo de controladores aéreos vuelve a inquietar al país.

La diferencia es que esta vez no cogió a nadie de improviso, convocaron una huelga legal, además de que Aena hoy, bautizada con el nombre de Enaire, ya se encargó de aprobar unos servicios mínimos distribuidos de tal manera que harán que no se cierre ninguno de los sectores que se controlan desde el centro de control de Madrid. Esto es, la mitad de España.

Los ocho sectores que dependen de Madrid funcionarán como si se tratase de un fin de semana, con la misma configuración de un sábado o de un domingo. Los únicos que podrán hacer huelga libremente serán los que cubren los puestos de oficina, en torno al 30% de la plantilla. El resto, es decir, los que operan las frecuencias de los aviones, tendrán que cumplir con el 70% de los servicios mínimos que exige la ley. Dicho de otra manera, la huelga apenas se notará en los aeropuertos.

La propia Enaire así se lo hizo saber a Eurocontrol el pasado viernes y así lo publicó este organismo europeo en su boletín de noticias, al que tuvo acceso este diario. Los servicios mínimos y la configuración de los sectores para los aeropuertos de Barcelona y Madrid están marcados de tal manera que las operaciones de las torres serán "normales" y "las rutas no deberían verse afectadas". El impacto de la huelga será "mínimo".

Dicho esto, ¿qué sentido tiene entonces convocar una huelga? ¿Por qué volver a deteriorar la sana imagen que los ciudadanos tienen del colectivo de controladores y que a estos profesionales les costó sudor y esfuerzos limpiar en los últimos cuatro años? La respuesta es bien sencilla: No es una huelga, es una herida que sigue abierta.

Los ciudadanos que se vieron afectados por el caos aéreo que se apoderó de los aeropuertos los días 3 y 4 de diciembre de 2010 siguen sin saber quiénes fueron los responsables de aquella situación. Desde entonces, se abrieron un total de 22 causas judiciales, en la actualidad sólo quedan dos por resolver y en ninguna rindieron cuentas ni el ministro de Fomento de la época, José Blanco, ni su presidente en Aena, Juan Ignacio Lema, ni la persona responsable de la navegación aérea en el país, Carmen Librero, ni mucho menos el ministro que ordenó militarizar los centros y las torres de control de los aeropuertos españoles, Alfredo Pérez Rubalcaba. Los únicos que se sentaron en el banquillo fueron los controladores aéreos. Precisamente, es por 61 controladores por los que el resto del colectivo decidió convocar paros de cuatro horas, dos por la mañana y dos por la tarde, el 8, 10, 12 y 14 de junio.

Un total de 20 jueces cerraron la investigación, dando la razón a los trabajadores y concluyendo que ningún profesional se ausentó de su puesto de trabajo los días 3 y 4 diciembre de hace cuatro años. Sólo en el caso de Palma de Mallorca y de Madrid, las causas siguen abiertas, siendo la instrucción madrileña la que quedó encallada en la Audiencia Provincial después de que el juez dictase auto en contra de los controladores.

Es evidente que nadie quiere colgarse el cartel de responsable civil de un conflicto que golpeó a compañías aéreas, a negocios afines, a aeropuertos y a 330.000 viajeros. Nadie quiere correr con los gastos y cerrar, por fin, la herida. La historia continuará.

No es una huelga, es una herida que sigue abierta.

Última actualización el Lunes 08 de Junio de 2015 21:13