Me gusta

40 Aniversario

PDFImprimirCorreo electrónico

“Cuando abrí los ojos, el techo había desaparecido y parte del suelo también. El avión de KLM había pasado a una cuarta de mi cabeza. El capitán se volvió y nos dijo, a los tres que quedábamos en la cabina, porque el mecánico, John Cooper, había caído por el agujero y colgaba boca abajo, el capitán nos dijo: ¡Saltad, saltad!”.

“Yo salté de cabeza y en el aire giré para caer de pie y caí en la hierba. Ellos tuvieron más heridas porque trataron de saltar al suelo directamente. Cooper y yo empezamos a sacar gente del avión y sacamos a tres o cuatro personas hasta que el fuego comenzó a propagarse y nos tuvimos que ir”. Así fue el momento del choque de los dos Boeing 747, visto desde la cabina del avión de Pan Am por los ojos del único español superviviente.

Se llama Juan Antonio Murillo, tiene 82 años, y en el 40 aniversario del accidente de Los Rodeos lo encontramos inmovilizado en su piso de Torremolinos (Málaga), con un fémur roto por culpa de “una puñetera caída en casa”. La memoria sobre lo sucedido y la velocidad con que encadena las palabras están sin embargo intactas.

Para entender qué hacía él en la cabina del avión de Pan Am, sentado tras los pilotos, hay que retrasar el reloj hasta seis horas antes del impacto. Son por tanto las 11.00 horas del 27 de marzo de 1977 y Juan Antonio Murillo está tomando algo en la cafetería del aeropuerto de Las Palmas de Gran Canaria, en la segunda planta, mientras espera el vuelo 1736 de Pan Am. El avión ha salido de Los Ángeles, ha hecho escala en Nueva York, y trae 16 tripulantes y 378 pasajeros, la mayoría jubilados a los que aguarda un delicioso crucero de 12 días por el Mediterráneo en el Golden Odyssey.

Yo era el delegado en el sur de Europa y el norte de África de operaciones chárter de Pan Am. Estábamos esperando el avión en el aeopuerto; estábamos el mecánico John Cooper, el responsable de cátering, un portugués que no recuerdo su nombre (Pedro Vilar), y yo. A las 11.00 estalló la bomba, a 20 metros, en la floristería, yo la oí explotar (un artefacto colocado por el MPAIAC, Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario). Rápidamente llamo a Tráfico y me dicen que van a cerrar el aeropuerto y que todo el tráfico va a ser desviado a Tenerife Norte. No existía el aeropuerto del sur todavía, y el del norte era muy pequeño para tanto tráfico. Después me puse en contacto con Iberia para ver cómo podía llegar yo a Tenerife, porque no había nadie allí para recibirlos.

Iberia me dijo que vuelo regular no tenían pero que iba a salir un avión con tripulaciones. Dejé en Las Palmas al de cátering y el mecánico John Cooper y yo nos fuimos a Tenerife en un Fokker de Iberia. Aterrizamos en Tenerife y al bajar del avión vi en la pista el avión de Pan Am y justo al lado el de KLM. Nos pusimos unos cascos y desde debajo del avión hablamos con la tripulación de Pan Am. Les dijimos quiénes éramos. La sorpresa de ellos fue que estuviéramos allí. Les contamos qué había pasado, porque ellos no sabían que se había cerrado el aeropuerto por la bomba. Subimos al avión por una galería bajo las ruedas y nos metimos en la cabina del piloto”.

Murillo y Cooper accedieron a la cabina y ocuparon los llamados jump seats, dos asientos ubicados detrás del comandante. A los mandos del avión estaba Victor Grubbs, estadounidense, 57 años, 21.043 horas de vuelo; copilotaba el tejano Robert Bragg, 39 años, 10.800 horas de vuelo, y como ingeniero de vuelo viajaba George Warsn, 46 años, 15.210 horas de vuelo. Con los dos recién llegados eran cinco en la cabina de mando.

El español Juan Antonio Murillo, 42 años entonces, y John Cooper, 53, habían hecho por tanto el viaje contrario a la holandesa Robina van Lanschot, que se bajó inesperadamente del KLM evitando así una muerte segura. Ellos habían subido a un avión en el que no deberían estar y en unos minutos iban a verse involucrados en el mayor accidente de la historia de la aviación: todas las personas a bordo del KLM -248- fallecerán; del Boeing 747 de Pan Am se salvarán 61 de las 396 que están dentro en el momento del choque: 583 víctimas mortales en total.

Estuvimos esperando una hora y pico hasta que llamó la Torre y dijeron que habían abierto el aeropuerto de Las Palmas y que iban a comenzar a enviar aviones para allí. A las cinco menos cuarto llamaron a KLM y detrás íbamos nosotros, justo detrás. KLM salió a posicionarse a cabecera de pista. A los cinco o 10 minutos nos llamaron...”.

Detenemos un momento el vibrante relato de Juan Antonio para explicar exactamente cuál es la posición de los dos aviones en ese momento y cuál es el plan de la Torre para hacerlos despegar. Ambos se encuentran en un extremo de la única pista de la que dispone Los Rodeos. El KLM delante del Pan Am. La Torre quiere que el KLM recorra toda la pista hasta el extremo contrario, gire allí 180 grados y espere instrucciones para despegar. La Torre quiere que el Pan Am avance por la pista tras el KLM, pero que salga por la tercera salida a la izquierda dejando así libre toda la pista para el despegue del KLM.

Continúa Juan Antonio Murillo: «Estábamos en la pista de despegue y teníamos que ir a la de rodadura, que teníamos aproximadamente a 200 metros. KLM llegó a su posición y nosotros oímos la conversación con la Torre. KLM dijo: "Estoy listo para despegar". La Torre dijo: "Ok". Cuando KLM escuchó "Ok" pensó que podía despegar, pero lo que la Torre le estaba diciendo es "Ok, hemos oído que está listo". Nosotros oímos la conversación pero no pensábamos que realmente fuera a despegar. Pero el comandante de KLM tomó la decisión de despegar. Dijo: "Vámonos". Y su ingeniero le dijo: "Pero, ¿tenemos autorización?". "Sí, sí, vámonos". “En el momento de arrancar se encontró con nosotros, que ya estábamos girando para la salida. Diez segundos más y hubiéramos estado fuera”.

El informe oficial sobre el accidente señala un fatal cruce de comunicaciones como la clave de la confusión. Cuando los de Pan Am sospechan que quizás KLM se dispone a despegar comunican: «Nosotros estamos todavía en la pista». A la vez, la Torre le dice a KLM: "Standby for take-off", "espere para el despegue". Los dos mensajes se superponen y KLM no puede escucharlos con nitidez.

Aparte de esta confusión en las comunicaciones, otros factores se alinearon para desencadenar la tragedia perfecta. La niebla. A las 16.36 horas, 30 minutos antes del choque, la visibilidad en la pista de Los Rodeos era de tres kilómetros. A las 17.02, cuatro minutos antes del impacto, no se veía más allá de 300 metros. Los de Pan Am tenían instrucciones de coger la tercera salida a la izquierda, pero, quizás despistados por la niebla, estaban a punto de tomar la cuarta cuando el KLM se les echó encima.

Yo sí lo vi venir, el copiloto y yo lo vimos venir. Bragg gritó: "¡Cuidado, cuidado!". Y el comandante nuestro es el que dio el giro, unos 20 o 30 metros para ladearnos un poquito. Ese fue el motivo de que no chocáramos de frente. Si hubiéramos chocado de frente no estaría hablando con usted ahora. El asiento en el que yo estaba era de observador, estaba más elevado que el de la tripulación; cuando abrí los ojos el techo no estaba”.

En sus conclusiones, el informe oficial fue demoledor con la actuación del comandante de KLM: “La causa fundamental de este accidente fue el hecho de que el comandante de KLM: 1. Despegó sin autorización. 2. No obedeció el "Standby for take-off..." de la Torre. 3. No interrumpió el despegue al decir el Pan Am que todavía estaba en pista. 4. A la pregunta del Ingeniero de Vuelo sobre si Pan Am había abandonada ya la pista, contestó con una afirmación rotunda”. Juan Antonio Murillo también apunta a él: “Para mí el capitán del KLM fue el verdadero culpable. Además, con la experiencia que tenía, que se suponía de lo mejorcito que había...”.

Tan mejorcito que Jacob van Zanten era el jefe de instructores de los Boeing 747 de KLM y el rostro que la compañía había elegido ese año para sus anuncios publicitarios. Tenía 50 años y acumulaba 11.700 horas de vuelo.

Buscando un porqué a su precipitación se apuntó a que tenía que llegar pronto a Las Palmas para volver a despegar con igual premura destino a Amsterdam. Si no lo hacía rápido, superaría el número de horas que la legislación holandesa le permitía volar y la línea Las Palmas-Amsterdam quedaría interrumpida. Esta prisa explicaría también que llenara el depósito hasta arriba en Los Rodeos en lugar de esperar a hacerlo en Las Palmas. Cuando el KLM chocó, los 55.000 litros de combustible explotaron multiplicando las consecuencias del impacto. Nadie en su avión sobrevivió.

Juan Antonio Murillo: "El otro Boeing arrancó la cabina a una cuarta de mi cabeza"

Última actualización el Martes 28 de Marzo de 2017 22:05