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Hasta siempre compañero

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Julio del Río Caballero, compañero, profesor, maestro y amigo, se nos ha ido. Y se ha ido sin hacer ruido, después de todo el ruido que generó cuando quiso hacer de nuestros trabajos una digna profesión.

Para muchos de nosotros queda tu inquietud y tu perseverancia, y un poso y una estela que muchos de nosotros hemos seguido gracias a ti.

Muchos te recordaremos de aquellos tiempos en los que impartías clases en el Centro de Adiestramiento de la Dirección General de Aviación Civil, otros de tus anteriores tiempos en la Oficina Notam Internacional (NOF) y otros en los posteriores en el aeropuerto de Jerez.

En todos tus destinos dejaste huella y no dejaste indiferente a nadie, quizás por tu manera de ser o por tu manera de pensar y actuar. Te debemos mucho, ya que nos hiciste abrir los ojos y ver que detrás de cada Técnico de Operaciones había un profesional.

Esperamos que haya donde estés, sigas impartiendo tus magistrales clases y sigas aconsejando que todo esto se puede cambiar, y porque no, cantando, acompañado a la guitarra, “Cambalache”, aquel viejo Tango que cantaba Carlos Gardel.

Hasta siempre Julio, hasta siempre compañero.

“Que el mundo fue y será una porquería
Ya lo sé, en el quinientos seis
Y en el dos mil también
Que siempre ha habido chorros
Maquiavelos y estafaos
Contentos y amargaos, varones y dublé

Pero que el siglo veinte
Es un despliegue de maldad insolente
Ya no hay quien lo niegue
Vivimos revolcaos en un merengue
Y en el mismo lodo
Todos manoseaos

Hoy resulta que es lo mismo
Ser derecho que traidor
Ignorante, sabio, chorro
Generoso o estafador

¡Todo es igual, nada es mejor!
¡Lo mismo un burro que un gran profesor!
No hay aplazaos ni escalafón
Los inmorales nos han igualao

Si uno vive en la impostura
Y otro roba en su ambición
Da lo mismo que sea cura
Colchonero, rey de bastos
Caradura o polizón

¡Qué falta de respeto qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!”
Mezclao con Stravinsky va Don Bosco
Y La Mignon, Don Chicho y Napoleón
Carnera y San Martín

Igual que en la vidriera irrespetuosa
De los cambalaches
Se ha mezclao la vida
Y herida por un sable sin remache
Ves llorarla Biblia contra un calefón

¡Siglo veinte cambalache!
¡Problemático y febril!
El que no llora no mama
Y el que no afana es un gil

¡Dale nomás, dale que va!
¡Que allá en el horno¡
!Nos vamos a encontrar!
No pienses más, sentate a un lao
Que a nadie importa si naciste honrao
Es lo mismo el que labura
Noche y día, como un buey
Que el que vive de los otros
Que el que mata, que el que cura
O está fuera de la ley

(Cambalache, Enrique Santos Discépolo, 1934)

Última actualización el Martes 22 de Noviembre de 2016 11:39