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Descansando

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Una mañana de invierno una de las azafatas se dirigió hacia el cockpit después de haber atendido a los pasajeros. Entonces se acercó a uno de los pilotos y le informó que la cabina de descanso estaba libre y preparada, por lo que se levantó y se marchó a descansar un rato.

Cuando el piloto entró en la pequeña estancia ésta estaba totalmente oscura, pero al apoyar una mano en una de las camas notó un bulto. Alguien estaba durmiendo, lo que le extraño, ya que la azafata le había dicho que la cabina estaba vacía. Alumbró con una linterna de bolsillo hacia la cama y observó con sorpresa que había una niña de unos cinco años tumbada y desarropada. La arropó con una manta y sin hacer ruido salió de la habitación y cerró la puerta.

Al momento fue a buscar a la azafata y le comentó lo que le había sucedido, a lo que ella le respondió que eso era imposible, ya que no iban niños en ese vuelo. El piloto no se lo podía creer, él había tocado con sus propias manos el cuerpo de la pequeña, e incluso notó su respiración mientras dormía.

Entonces la azafata con cara de preocupación le dijo: “¿Ve a esa pareja de allí al fondo?, ¿La ve?”, repetía, dirigiéndose con la cabeza hacia una joven pareja con las caras pálidas y demacradas.

- “Sí, sí, por supuesto que la veo”, afirmó el piloto.

- “¿Pero qué tienen que ver ellos con esta historia?”, preguntó con cara de intriga.

- “Se dirigen al entierro de su hija. Ella va abajo, en la bodega, en un ataúd junto con el resto de equipajes”, contestó la azafata.

El piloto se quedó pálido al escucharla y salió corriendo hacia la cabina donde había visto a la niña, pero allí no había nadie. Se acercó al baño a refrescarse la cara y al mirarse al espejo se dio cuenta de que alguien había escrito con un pequeño dedo:

"Gracias por arroparme”.

Última actualización el Sábado 08 de Marzo de 2014 21:02