Me gusta

Thriller

PDFImprimirCorreo electrónico

Me cuenta mi relevo que hoy ha habido un simulacro de accidente aéreo y que ha salido bastante bien, en especial las comunicaciones con el nuevo sistema digital. Ya de madrugada, sobre la una y media de la mañana, me llaman de Operaciones para que vaya a recoger al Observador de Meteorología a su Observatorio, situado cerca de una de las cabeceras de pista, ya que tiene averiado su coche de servicio, que por cierto, no es ningún Audi Q3.

Para llegar al Observatorio tengo que ir por la perimetral del aeropuerto, un camino solitario, de tierra, y bastante oscuro. De repente los focos del Sígame iluminan los cuerpos de tres personas inmóviles tendidas en el suelo, y por el casco y los destellos de las bandas reflectantes del EPI (Equipo de Protección Individual) que llevan puesto, estoy seguro que son bomberos.

Freno de inmediato, estoy a unos cincuenta metros de los cuerpos, comunico la incidencia por la frecuencia, cojo el walkie, una linterna y bajo del coche a toda prisa. Les grito para ver si me oyen pero no hay respuesta por su parte, por lo que me empiezo a temer lo peor. Bastante nervioso busco con la mirada si hay algún coche del SSEI en las inmediaciones, pero no encuentro nada.

Al llegar a la altura de los cuerpos y enfocar con la linterna, veo unos rostros ennegrecidos, pero cual no es mi sorpresa al comprobar que se trata de tres maniquís vestidos de bombero, que seguramente se habían utilizado en el simulacro de esta mañana y que por descuido se habían olvidado de recoger, o bien se habían caído de algún vehículo de atrezzo.

Comunico la incidencia por el walkie y me parece recibir una respuesta entre la incredulidad y el pitorreo. Aún un tanto alterado me siento encima de unas piedras, resoplo con fuerza, y acordándome de algún que otro familiar de los figurantes del simulacro, pienso, ¡Vaya mal rato que me han hecho pasar los malditos maniquís!.

Última actualización el Jueves 16 de Mayo de 2013 07:44